DEJAME QUE TE AME
Siempre digo que te quiero. Pero el tiempo pasa, sigue su curso. Y el tiempo es impredecible: nunca sabemos hacia dónde puede tomar su rumbo. No importa cuánto tiempo dos personas estén juntas. No importa si se ven de a ratos o si se entregaron por completo a ser una sola. El tiempo puede difuminar, apagar y hasta matar por completo. Pero también puede macerar, afirmar, fortalecer y hacer crecer un sentimiento.
Y cuando esto Ăşltimo ocurre, esperanza mĂa, una persona empieza a ver de otra manera lo que venĂa mirando. Y si logramos ver - ver de verdad, en lo profundo - podemos transformar el sentimiento del querer en algo más difĂcil de explicar.
Es fácil - o al menos más fácil - explicar por quĂ© te quiero. Te quiero porque en vos encontrĂ© sin buscar nada. Te quiero porque me dejaste ver que en mĂ tambiĂ©n encontraste, sin buscar. Porque ambas encontramos sin buscar algo que las almas pedĂan a gritos, pero en silencio.
Te quiero porque cuando escuchás las rarezas que digo, no solo no te aparte, sino que, por el contrario, te acercás más. Y eso, para mi sensibilidad, es un milagro. No estoy acostumbrada a que las personas se queden despuĂ©s de escuchar mis enredos. Y te quiero tambiĂ©n por eso: porque al oĂr mis pensamientos enredados - cuando mi mente entra en un laberinto de palabras sueltas que no pueden acomodarse - vos, escuchando atenta, les das forma. Las desenredás y las ordenás casi geomĂ©tricamente.
Te quiero porque, si alguna vez tuve ganas de llorar estando con vos, esas ganas se transformaron en palabras que salĂan de mi boca como desahogo. Te quiero porque, cuando sentĂ que el mundo no tenĂa nada más para ofrecerme, apareciste silenciosa, sin aviso, ofreciendo lo que ya nadie ofrece: empatĂa. Y la empatĂa, creo yo, es una forma enorme de amor.
Ahora te quiero un poco más, y eso es más difĂcil de explicar. Porque es fácil decir “te quiero” por lo que me ofreciste y me ofrecĂ©s. Pero cuando querĂ©s a alguien un poco más que antes, es porque vislumbraste su alma - con sus mal llamados “defectos” -, y eso ya se vuelve difĂcil de describir. Por eso, te lo voy a hacer más sencillo.
Cuando abriste un poquito tu corazón y me dijiste - a tu manera - algunas cosas que aparentemente no te gustan de vos, me di cuenta de que el problema es el mismo que en muchos casos: las personas solemos autopercibirnos según lo que estamos acostumbradas a escuchar sobre nosotras, dicho por los labios de otro. Y lo creemos. Lo creemos de tal manera que ese juicio ajeno termina transformándose también en nuestro propio juicio.
Y ahà entendà que lo único que me quedaba por hacer era leerte el alma. Y cuando logré interpretar un pedacito - un solo átomo diminuto de tu alma - comprendà que la única manera de acomodar ese tipo de caos es amando. Y entonces, te empecé a amar.
Amo tus creencias, incluso aquellas que sospecho que son percepciones infundadas de vos misma. Amo cuando no sos todo lo femenina que “deberĂas” ser. Amo cuando no tenĂ©s ganas de hacer algo, y cuando no tenĂ©s ganas de hacer nada. Amo tus canas disparejas, tu pelo enredado, tu rodete desparramado, tus “kilos de más”, tus mates lavados. Amo tus distracciones, tus accidentes insospechados que son culpa de otro, tus “no me acuerdo”, tus “me olvidĂ©”, tus “me quedĂ© dormida”.Amo tu flequillo rebelde, tus no uno sino dos aros en la nariz, tus tatuajes que no salieron del todo como querĂas, tus muchos aros en las orejas -hasta el infectado-. Amo tus ataques de calor y de frĂo, tus pocas ganas de cocinar y tu pasto largo.
Amo tus enojos, tus broncas, los llantos que no vi, los silencios que no entiendo, los miedos que decĂs y los que no sabĂ©s reconocer. Amo tu lĂłgica, tu discernimiento, tu escucha, tu preferencia por la harina y los dulces (porque para amarga está la vida). Amo tu forma de caminar cuando venĂs y cuando te vas; tu manera de abrazarme y moverme el piso; tu forma de besar y los besos que retenĂ©s. Tu no saber decir, tu no saber poner un lĂmite. Amo tus “sĂ” cuando quisieras decir que no. Amo tu humor, tu no mirarte al espejo, tus “empiezo mañana”. Amo tu deseo y tus faltas de ganas. Amo tus ideas: las que creĂ©s, las que no comprendĂ©s del todo, las quisieras entender, las que quisieras cambiar y las que no.
Amo tu perfume -el tuyo y el artificial-. Tu piel: la que te maquillás y la que no “cuidás”.Lo que decĂs, lo que no soltás; lo que mostrás, lo que ocultás. Amo tus rollos: los de la panza y los de la cabeza. Amo “tu metro cincuenta y monedas desnudos sobre el colchĂłn”. Amo tu forma de mirarme, de traspasarme, de quererme, de estar. Amo tu forma de besarme, de abrazarme, de sanarme, de olerme, de andarme. Amo toda tu forma de existir.
Si cuando yo me enredo vos estás ahĂ, al lado, para desenredarme, yo estoy para los detalles cuando vos no sepas cĂłmo es que se tiene un romance.
Dame tus miedos, tus dudas, tus incertidumbres. Dame todo eso que no te gusta de vos, que yo lo amo. Dame tus lágrimas silenciosas, tus inseguridades, tu dolor, tus broncas. Esa es la Ăşnica forma de sanar lo que duele, lo que no gusta, lo que no se odia pero tampoco se acepta. Dame todo eso… que quizás yo pueda enseñarte a amarte. Y si no puedo hacerlo, dejame que yo te ame.
(Gigi Antolini)

Comentarios
Publicar un comentario