INESTANCIA
Hay momentos en que siento que todo es aire y yo apenas un temblor dentro de 茅l. Mi cuerpo respira como si estuviera lleno de silencios, y cada pensamiento parece flotar, suspendido entre lo que deseo y lo que no puedo tocar. Hay una oscilaci贸n permanente entre claridad y sombra, entre certeza y duda, como si mi coraz贸n estuviera balance谩ndose en un hilo invisible que nadie m谩s ve.
Me descubro hablando conmigo misma, intentando nombrar sensaciones que no tienen forma, pronunciando palabras que se escapan antes de que tengan sentido. Escucho mi voz y la extra帽o al mismo tiempo, como un eco que intenta alcanzarme y no logra explicarme lo que siento. Esta tensi贸n entre deseo y percepci贸n es la esencia misma de amar: un estado de atenci贸n extrema que no se puede domesticar ni apresurar.
La esperanza tiene forma de un hilo dorado que cruza mi pecho de manera invisible. A veces se afloja, tiembla con cada duda, pero nunca se rompe. Lo sigo, aunque no se vea, aunque no tenga garant铆as. Hay belleza en la espera, en la capacidad de permanecer abierta, de sentir sin controlar, de dejar que cada emoci贸n se despliegue en su propio tiempo. La esperanza no es ilusi贸n; es atenci贸n absoluta al temblor que me atraviesa, aceptaci贸n de que lo que siento tiene derecho a existir aunque no tenga forma definitiva.
Mi sensibilidad extrema me hace percibir detalles que parecen invisibles para otros: cambios m铆nimos en un gesto, un titilar de ojos, un silencio que vibra. Cada matiz es mensaje secreto, cada pausa, un universo de posibilidades. A veces eso me abruma; otras veces, me permite ver la profundidad de cada instante, la poes铆a que respira en lo cotidiano. He aprendido que vivir as铆 es una danza entre claridad y confusi贸n, deseo y contemplaci贸n.
No hay certezas absolutas. Pero hay algo m谩s valioso: la intensidad de sentir, la riqueza de experimentar, la fuerza de permanecer consciente mientras el coraz贸n se tambalea. Es un aprendizaje silencioso que ense帽a a abrazar la fragilidad como un diamante, a reconocer el miedo como compa帽ero inseparable de la esperanza, a entender que la confusi贸n no es enemiga de la verdad, sino parte de ella.
Me siento suspendida en el aire, flotando entre recuerdos que no existen y anticipaciones que no se cumplen. Todo se vuelve difuso y a la vez claro, como mirar un r铆o en penumbra: no se ve el fondo, no se sabe qu茅 hay debajo, pero el reflejo de la luz sobre el agua despierta un estremecimiento profundo. Cada emoci贸n se multiplica y atraviesa mi cuerpo. Aprendo a no resistirme, a dejar que me atraviesen, a confiar en que cada temblor tiene sentido aunque solo yo pueda sentirlo.
El amor aparece como un tejido invisible: cada emoci贸n es un hilo que cruza otro y forma patrones que no se ven, pero se sienten. La delicadeza de ese entrelazamiento me asombra: un deseo que alimenta un silencio, un silencio que contiene todo lo que no se dice. Vivir as铆, en tensi贸n permanente entre claridad y confusi贸n, es un arte. Cada latido, cada pensamiento, cada gesto invisible es una nota en una sinfon铆a que solo yo escucho. No hay necesidad de certidumbre: la belleza est谩 en la oscilaci贸n, en la capacidad de permanecer abierta, de sentir sin apresurar, de aceptar que el coraz贸n se equivoca, se confunde y se estremece, y aun as铆 sigue latiendo.
Cierro los ojos y me dejo llevar por la intensidad de lo que siento. Todo se vuelve luz difusa, temblorosa, y me convierto en esa luz que palpita, que busca, que se estira hacia lo desconocido. No hay mapas ni instrucciones; cada emoci贸n aut茅ntica vale por s铆 misma. Cada temblor, cada duda, cada instante de claridad es un r铆o que encuentra su cauce en el silencio, en la contemplaci贸n, en la atenci贸n plena.
He comprendido que el amor no es algo que se recibe o se da en una sola direcci贸n, sino un flujo que atraviesa y transforma. Aunque a veces me sienta vulnerable, s茅 que esta vulnerabilidad no es debilidad; es una puerta abierta al misterio, una invitaci贸n a descubrir la profundidad de estar viva, a reconocer que sentir con intensidad es un acto de coraje silencioso.
El tiempo se vuelve extra帽o: no corre de manera uniforme; a veces se detiene, se expande, como segundos que flotan y estallan a su propio ritmo. Intento acompa帽ar ese ritmo, sin apresurar nada, sin exigir respuestas, sin temer a la falta de claridad. Hay un gozo secreto en esta espera que nadie m谩s puede percibir: la certeza de que cada emoci贸n aut茅ntica, cada temblor, cada instante de confusi贸n o de claridad forma parte de un tejido m谩s grande, de una melod铆a que solo yo escucho.
Me sorprendo imaginando mundos posibles, hilos invisibles que conectan emociones y silencios, caminos que no llevan a un lugar concreto pero permiten que la experiencia se despliegue con plenitud. Y a pesar de la incertidumbre, hay algo que me sostiene: la sensaci贸n de que, en la intensidad de mi sentir, hay verdad, hay belleza, hay autenticidad. No importa que las respuestas no lleguen; importa que yo est茅 presente, que me permita vivir cada temblor como un tesoro irrepetible.
La noche me encuentra sumida en pensamientos que giran en espirales: reflexiones sobre fragilidad, miedo y esperanza. Descubro que el amor, en su forma m谩s pura, no necesita explicaciones ni certezas; solo atenci贸n, sensibilidad, apertura. Es un acto de presencia total, un ejercicio de aceptaci贸n, una manera de decir sin palabras: “Estoy aqu铆, y siento, y dejo que lo que siento exista”.
Cada emoci贸n se convierte en un espejo de mi interior. La confusi贸n es un camino de aprendizaje; la duda, una se帽al de vida; la esperanza, un hilo dorado que cruza cada instante. No hay f贸rmulas ni garant铆as, solo la experiencia misma, con toda su intensidad y fragilidad. Y en esa experiencia, descubro que el amor aut茅ntico es silencioso y ruidoso a la vez: silencioso porque no exige nada, ruidoso porque despierta todos los sentidos, todos los temblores, todos los estremecimientos posibles.
Vivir as铆, con sensibilidad extrema, temblor constante, mezcla de confusi贸n y esperanza, es un acto de valent铆a silenciosa. Es un arte de percibir lo invisible, de escuchar lo no dicho, de reconocer la fuerza de lo intangible. Cada instante que dejo que mi sentir exista sin restricci贸n, cada momento en que abrazo confusi贸n y luz simult谩neamente, me recuerda algo esencial: amar profundamente no es riesgo; es afirmaci贸n de la vida, canto a la autenticidad, manera de decir, sin palabras: “Estoy aqu铆, y dejo que lo que siento sea”.
Y as铆 sigo, temblando, abierta, viva. Entre la luz y la sombra, entre el deseo y la contemplaci贸n, entre la duda y la certeza difusa, descubro que todo temblor es una forma de estar, un lenguaje secreto del coraz贸n, una evidencia de que sentir con intensidad es la manera m谩s pura de existir.
(Giorgina M. Antolini)

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