A TRAVÉS DE ELLA
Si al decir que deseaba que conociera otra versiĂłn de mĂ, más abierta, más sexual, más inmediata, creyĂł que era porque ella no lo provoca, se equivocĂł. No es que ella no despierte mi deseo; su sola presencia me atraviesa, me invade y me consume de un modo que nunca antes habĂa experimentado. No hay prisa en mi deseo con ella; hay un fluir que me detiene, que me obliga a contemplarla, a recorrer cada curva de su cuerpo, cada estremecimiento de su piel, como quien descubre un misterio que lo excede y lo sostiene, y que al mismo tiempo revela la verdad de lo que somos y lo que sentimos. Cada gesto suyo parece contener un secreto, cada movimiento una promesa silenciosa, cada respiraciĂłn un llamado que me atraviesa y me devuelve a mĂ misma, más completa y más vulnerable a la vez. Sus besos no se limitan a la superficie; se despliegan con paciencia, con precisiĂłn, con un ritmo que parece desafiar al tiempo. Siento su piel estremecerse bajo mi a...