LA REVELACIÓN EN EL SILENCIO DE LOS CUERPOS
Hay experiencias humanas que, aunque se vivan en la intimidad de dos cuerpos, trascienden todo lo que podría explicarse con el lenguaje. Instantes en los que la piel se convierte en palabra, el roce en testimonio, la respiración en un manifiesto de libertad y pertenencia. Y sin embargo, a pesar de la impotencia de las palabras, uno vuelve a ellas para intentar rescatar, aunque sea como una sombra, lo que se vivió. Porque no se trata solo de una caricia ni de un gesto, sino de un acto que concentra la memoria de lo que fuimos y la promesa de lo que aún podríamos ser. Ese primer encuentro sexual no fue el inicio de nada ni la culminación de algo, sino la revelación de una verdad que venía gestándose en silencio desde mucho antes. Había habido miradas que parecían rozar la piel antes que las manos; había habido gestos mínimos, conversaciones susurradas, complicidades tejidas en los márgenes de lo cotidiano. Lo que ocurrió aquella noche fue apenas la consecuencia inevitable de una co...